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El uso de esta tecnología -probada con éxito en modelos preclínicos en la última década- fue otorgado por la casa de estudios pública a la empresa belga Handl Therapeutics. Estos desarrollos podrían cambiar el curso de las patologías neurodegenerativas a nivel mundial, afirmó el Dr. Claudio Hetz, director del Instituto de Neurociencia Biomédica.

Luego de una década de estudios, el Instituto de Neurociencia Biomédica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (BNI) patentó y licenció un conjunto de tecnologías de terapias génicas contra enfermedades neurodegenerativas.  La licencia de estos desarrollos fue otorgada por la casa de estudios pública a la empresa belga Handl Therapeutics, compañía que ha recaudado fondos por más de US$100 millones para iniciar ensayos en humanos fase en los próximos años.

Se trata del primer paso para transferir para uso clínico los conocimientos en ciencia básica en el campo de las enfermedades neurodegenerativas, una línea de investigación que BNI impulsó con el financiamiento de múltiples proyectos Fondef y otros apoyados por fundaciones internacionales, como la Michael J. Fox y la ALS Therapy Alliance de Estados Unidos.

La tecnología apunta corregir a nivel molecular los defectos asociados a enfermedades cerebrales (entre ellas la Esclerosis Lateral Amiotrófica -ELA-, Huntington, Alzheimer y Parkinson), además del deterioro cognitivo durante el envejecimiento. Su aplicación consiste en encapsular en un adenovirus-asociado el material genético de proteínas no defectuosas e inyectarlo en el sistema nervioso central, lo que permitiría restablecer artificialmente la capacidad del cerebro de autolimpiarse y eliminar la acumulación de proteínas tóxicas, característica de este tipo de patologías. 

“La potencial aplicación de estas terapias, validadas en modelos animales preclínicos en numerosas investigaciones en los últimos años, podría cambiar el curso de las enfermedades neurodegenerativas a una escala global. Esto es resultado de una cultura de colaboración y múltiples estudios entre los equipos de científicos en BNI”, asegura Claudio Hetz, director del Instituto Milenio alojado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

El investigador asegura que el propósito de la compañía es que las tecnologías transiten por las fases clínicas 1, 2 y 3, hasta llegar a su comercialización, lo cual supone “el primer caso de éxito de la biomedicina chilena a nivel mundial, donde importantes grupos de inversión han puesto sus ojos en desarrollos locales para escalamiento a humanos, entrando con éxito a un mercado global”.

Desde la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) de la Universidad de Chile, entidad que fue clave en el proceso de protección y transferencia de estos desarrollos, y que lideró las negociaciones con la industria, el abogado Joaquín Castro, rescató que los desarrollos científicos de este grupo de investigadores nacionales continúan “abriéndose paso” hacia consagrarse como como una tecnología viable de ser producida a gran escala.

Virus transportadores del genoma

Las terapias génicas son un campo científico en ebullición en la última década, constituyendo una de las áreas de mayor inversión en biotecnología. El desarrollo de tecnologías de edición del genoma y la reciente aprobación por parte de la agencia reguladora Food and Drug Administration de Estados Unidos (FDA) de varias tratamientos de este tipo para su uso en humanos, dan cuenta de que nuevos desarrollos biotecnológicos para la salud humana son ya una realidad.

La tecnología lograda en BNI para enfermedades neurodegenerativas se basa en la administración, mediante un virus no tóxico modificado artificialmente, de un gen terapéutico en el sistema nervioso central, un procedimiento que permite reprogramar la expresión génica de las neuronas dañadas. La terapia tiene el propósito de “reeducar” a las células del cerebro: recuperar su capacidad intrínseca de repararse que se pierde en la enfermedad, detectar problemas en las proteínas y eliminar aquellas que son tóxicas, explica el Dr. Vicente Valenzuela, investigador de BNI.

En modelos preclínicos en primates, los resultados de ensayos clínicos han demostrado que las terapias génicas a nivel general no sólo son muy seguras, sino también son estables por períodos prolongados de tiempo. Una inyección única, por ejemplo, puede activar mecanismos protectores incluso por más de una década. Mientras, entre los más de cien ensayos en humanos que se han probado para otras enfermedades, no se han detectado efectos adversos significativos.

Esto, expone el Dr. Hetz, modificará en el transcurso de este siglo por completo el enfoque de la medicina actual en el tratamiento de patologías cerebrales. “Las enfermedades neurodegenerativas se caracterizan por daños en zonas específicas del cerebro. La terapia génica abre la posibilidad de hacer intervenciones locales, solo en las regiones afectadas, evitando la administración crónica de una droga y sus efectos secundarios”, detalló.

Impacto global en enfermedades cerebrales

Los desarrollos licenciados por BNI son resultado de una década de investigaciones, con múltiples estudios de impacto internacional, tanto para comprender mecanismos de ciencia básica como para validar la efectividad en modelos preclínicos de las terapias. Todo esto ha demostrado, según remarca el Dr. Claudio Hetz, que recuperar el estado de salud del cerebro y restablecer su capacidad de autoreparación es posible.

El investigador explica que la relación entre proteínas tóxicas y enfermedades neurodegenerativas genera cada vez más consenso en la comunidad científica. De hecho, patologías vinculadas a envejecimiento también son consideradas como “proteinopatías”, o condiciones caracterizadas por la acumulación de proteínas tóxicas.

A pesar de que enfermedades como Alzheimer, Parkinson y ELA tienen distintas manifestaciones clínicas, y eventualmente factores ambientales de riesgo, es posible identificar fenómenos moleculares comunes entre sus causas, que tienen que ver con la acumulación de proteínas alteradas o mal plegadas (también conocidas como UPR, por sus siglas en inglés) y que dañan irreversiblemente a las neuronas.

“Las investigaciones en ciencia fundamental relacionan el mal plegamiento proteico con el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como una causa común. Lo que vemos a nivel molecular es que la alteración en la calidad de las proteínas es un evento que avanza con el envejecimiento y que se puede traducir en el desarrollo de este tipo de patologías, incluyendo los casos esporádicos o sin causa genética conocida”, subraya el Dr. Valenzuela.

Desarrollo clínico como meta

Para el Dr. Hetz, que fondos internacionales se interesa en invertir decenas de millones de dólares en estas tecnologías obedece al “posicionamiento de nuestro laboratorio” en el campo de la terapia génica y la proteostasis, lo que “genera confianza para  este tipo de emprendimientos biotecnológicos».

A diferencia de otras iniciativas de compañías emergentes en terapia génica, desde BNI afirman que la compañía proyecta transitar todas las etapas de ensayos hasta transferir los desarrollos a su uso clínico, subsanando los habituales “cuellos de botella” que conspiran contra la masificación de esta tecnología: los recursos y la disponibilidad de infraestructura biotecnológica de punta. De hecho, el 70 por ciento de los recursos de un ensayo clínico se gastan solo en producir el virus.

Para ello, en paralelo a la preparación de los primeros estudios en humanos, Handl avanza preliminarmente en otros dos frentes clave: herramientas de nanotecnología para el diseño de los virus transportadores del genoma y las capacidades de manufactura a escala industrial una vez se logre certificar la efectividad y seguridad de los desarrollos. BNI seguirá colaborando como entidad asesora en ciencia preclínica durante este proceso.

“Es un logro muy importante para la biomedicina chilena y que no solo refleja la calidad de nuestra ciencia, sino que demuestra que estas investigaciones puede tener un impacto a nivel mundial en uno de los mayores desafíos de la humanidad en este siglo, como lo son las enfermedades cerebrales vinculadas al envejecimiento”, concluye Hetz.

Instituto de Neurociencia Biomédica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (BNI)