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Para Amelia Bayo, astrofísica de la U. de Valparaíso y quien lidera el proyecto del Núcleo Milenio de Formación Planetaria, el avance marca el inicio de la instrumentación astronómica nacional.

Un importante avance logró el equipo del Núcleo Milenio de Formación Planetaria (NPF), que dirige la astrofísica del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Valparaíso Amelia Bayo, al obtener el registro de la primera luz de la luna captada por primera vez por un espejo de calidad óptica compuesto de fibra de carbono creado y desarrollado completamente en nuestro país.

El uso de este material, que es único en Chile, representa un paso relevante para la ciencia a nivel mundial, dado que actualmente los espejos que utilizan los telescopios profesionales están hechos de vidrio y se importan desde el extranjero, por lo que esta primera luz no sólo marca un hito en el inicio del desarrollo de la instrumentación astronómica nacional, sino que también busca posicionar al país como líder en una de las áreas fundamentales para el desarrollo de una nueva generación de telescopios.

“La primera luz ocurre cuando un instrumento (o telescopio) se expone al cosmos y se obtiene la primera imagen de un cuerpo celeste, en este caso fue la luna”, explicó la doctora Bayo, quien además es integrante del Centro Tecnológico de Valparaíso (CCTVal). “Estos proyectos son muy complicados y partimos desde una base bastante baja con una meta muy alta, muy ambiciosa. Aún nos queda mucho camino por recorrer, pero es realmente destacable que en Chile se puedan hacer superficies de este tipo con este material y en las condiciones en las que estamos trabajando. Esto demuestra de un modo muy contundente lo lejos que ha llegado el equipo. La respuesta del grupo completo fue de alegría total y orgullo por pertenecer a este proyecto. Para mí, y a modo muy personal, es un orgullo enorme ver el progreso del grupo, de cómo hemos ido encontrando una manera de trabajar donde la camaradería no estuviera reñida con la seriedad y donde verdaderamente remáramos todos hacia el mismo lado», comentó.

La doctora Bayo agrega que la utilización de fibra de carbono para la fabricación de estos espejos tiene gratamente sorprendidos a los investigadores del centro NPF (en su colaboración con CCTVal), por las ventajas que ofrece este material, como su peso (que es mucho menor comparado con el vidrio), además de ser flexible al someterse a altas temperaturas y, por lo tanto, es capaz de amoldarse a la forma deseada, rigidizándose una vez que se cura.

También destaca que este resultado se da luego de dos años y medio de trabajo riguroso y explica que “este espejo de 19 centímetros de diámetro no estaba aluminizado y con él se vio la luna. Esta ‘primera luz’ del NPF es un gran hito que apunta a uno de los objetivos principales del centro: diseñar y producir los espejos indispensables para el éxito de ‘Planet Formation Imager’ (PFI), proyecto cuyo principal objetivo es resolver espacialmente el radio de acción gravitatorio de un planeta en formación en el infrarrojo térmico”.

La astrónoma advierte que “la observación de la luna corresponde a un hito extremadamente importante para el centro, ya que esto se logró con un espejo que no tenía una capa de metal encima que refleje, y sobre un montaje casero, sin tracking”.

Esta primera luz la obtuvo Claudio Lobos, investigador del NPF, colaborador del CCTVal y el “maestro pulidor” del grupo, quien, luego de la llegada del COVID-19 al país, ha trabajado desde el taller que tiene en su hogar.

Lobos señala que allí adaptó una estructura de PVC (como las que se ocupan en desagües) para montar el espejo y observar la luna, imagen que fotografió desde el telescopio con su celular.

“La emoción de ver la luna a pesar de que tenía un tamaño pequeño fue enorme, ya que pude ver detalles que a ojo no es posible. Hay mucho que resolver aún, pero ya estamos llegando a algo importante”, recalca Lobos.

La meta es ir ampliando la superficie del espejo hasta llegar a un prototipo de un metro. Una vez alcanzado ese diámetro se reunirán cuatro de estas superficies reflectoras (de un metro) para que trabajen como un telescopio mayor, además de producir varios (al menos veinte) de estos espejos mayores segmentados, para trabajar en conjunto con la misma técnica que utiliza el Observatorio ALMA y sus 66 antenas, instaladas en el norte del país.

El NPF es un proyecto de colaboración albergado por la Universidad de Valparaíso y la UTFSM, y financiado por la Iniciativa Científica Milenio. En el ámbito de los espejos de fibra de carbono existe una alianza estratégica con el Centro Tecnológico de Valparaíso (CCTVal) y el proyecto ha sido apoyado por fondos del comité Mixto ESO-Gobierno de Chile, y ANID vía proyectos QUIMAL y ALMA.