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La comunicación de riesgo, en términos sanitarios, es algo que se viene trabajando hace décadas y que ha sido clave en el manejo de patologías como el Sida o -más recientemente- la gripe porcina. Frente a la crisis actual, especialistas del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile analizan el actuar de la autoridad sanitaria y los riesgos que representan los algoritmos e informaciones que circulan por redes sociales.

El COVID-19 llegó de manera inesperada. Primero no se sabía bien de qué forma se transmitía y qué medidas se debían tomar para resguardarse del virus, luego aparecieron las variantes y, más recientemente, los efectos de las vacunas, entre otros aspectos que han generado múltiples interrogantes. En este contexto, la desinformación sobre salud y la infodemia representan un peligro que afecta a la propia vida, materia en la que las autoridades tienen un rol clave en la comunicación de riesgo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la comunicación de riesgo como la comunicación recíproca y multidireccional con las poblaciones afectadas para que puedan tomar decisiones informadas con el fin de protegerse a sí mismas y a sus seres queridos”. Es decir, una estrategia comunicacional que busca minimizar las situaciones de amenaza de un grupo y entregarle las herramientas para su cuidado y las condiciones de bienestar psicosocial.

En las últimas semanas, la autoridad sanitaria ha recibido diversas críticas en este ámbito. Si bien ha habido un proceso exitoso de vacunación, durante el verano se relajaron las medidas sanitarias y, últimamente, se ha planteado que la inmunidad de rebaño llegaría a finales de junio. Estas y otras acciones, indican diversos especialistas, han afectado el mensaje de autocuidado y la corresponsabilidad social que conlleva esta crisis.

Para el académico del Instituto de Comunicación e Imagen (ICEI) de la U. de Chile, José Miguel Labrín, la gestión del Gobierno no ha sido la adecuada. “El problema está en cómo dar el salto (que no se ha hecho) entre el grado de conocimiento que puede tener la gente con las medidas preventivas y el comportamiento asociado a ellas. En el cómo se desarrollan estrategias comunicacionales que reconozcan el análisis de las prácticas sociales, culturales, que inciden, finalmente, en el comportamiento recomendado. Y eso es una exigencia de la comunicación, de cómo tú abordas con un determinado relato para poder llegar a esa población que debe modificar sus prácticas en función de esos resguardos. Y eso es un tema central”.

La vulnerabilidad social frente a la crisis

Independiente del tipo de comunicación de riesgo que se entregue, la profesora del ICEI, Karla Palma, explica que existe una desconexión entre las medidas que exige el gobierno al comunicar y la realidad de la población. “Uno de los grandes problemas de por qué las personas terminan tomando decisiones que a veces terminan afectando su vida tiene que ver con que no tienen otras opciones y están con una vulnerabilidad tal que no tienen una capacidad de tomar decisiones que no sean diferentes a esta”.

Asimismo, agregó que “muchos dicen que la gente no se cuida, y aquí hay una valoración que se hace del riesgo. ¿Qué es más riesgoso, no tener para comer o pagar el arriendo a fin de mes o exponerse al riesgo de infectarme de coronavirus? Entonces, la gente termina tomando una decisión a partir de su vulnerabilidad frente al riesgo. El Estado debe encargarse de esa vulnerabilidad y equiparar para que la gente pueda tomar decisiones que le permitan resguardar su vida”.

Las Cámaras de Eco en la información

Cuando hablamos de las echo chambers o cámaras de eco en las redes sociales, nos referimos a ciertos mensajes, ideas o creencias que se repiten y son amplificadas en un determinado espacio digital. Esto hace que las visiones diferentes sean censuradas o silenciadas por el conocido algoritmo de las mismas plataformas y finalmente estas burbujas algorítmicas limitan lo que vemos.

El profesor del ICEI, Lionel Brossi, lo explica con un ejemplo: “Cuando en las redes sociales solamente damos like a los contenidos que nos gustan, el algoritmo va a tratar de hacernos llegar en el feed nuestro de noticias las noticias en las cuales creemos, las noticias que nosotros nos gustan y eso hace que para el caso de una situación de crisis sanitaria como la que tenemos ahora sea un arma de doble filo, porque no estamos viendo el abanico total de información”.

El académico agrega que “le pondría unos matices, pero sin duda tiene un poder de incidencia interesante porque, como digo y aquí lo relaciono con la desinformación y las denominadas fake news. Sin embargo, las noticias falsas se piensa que, por ejemplo, cambian la actitud, la percepción sobre determinados temas muy importantes en la sociedad en general y hay numerosos estudios que demuestran que las noticias falsas lo que hacen es reforzar las propias creencias”

Para el experto, una comunicación de riesgo efectiva relacionada con la cámara de eco, es aquella que alude a lo educativo, a lo pedagógico y que sea una comunicación que evite generar miedo extremo a partir de un vocabulario inadecuado en el manejo de una crisis, y no se debe improvisar ni experimentar, por muy inesperado que haya sido esta pandemia.

Medidas para mejorar

Los y la especialistas coinciden en mejoras que se pueden hacer actualmente para mejorar la comunicación de crisis. En primer lugar, se deben intensificar los esfuerzos tanto del gobierno como de la sociedad civil en sentar las bases para que se reduzca la incertidumbre en cuanto a la toma de decisiones, especialmente del aparato gubernamental.

En segundo lugar, se deben descentralizar y desconcentrar la vocerías y las comunicaciones, de acuerdo a lo que necesita cada territorio particular, con sus características culturales definidas. Se debe recurrir a organizaciones y espacios territoriales que comuniquen e informen según lo que necesita cada espacio. “El estado tiene que plantearse que hay una diversidad y que una estrategia enfocada de una forma vertical pensada en un solo tipo de individuo no va a funcionar y debe pensar la diversidad en el país”, señala Karla Palma

Finalmente, José Miguel Labrín señala que, en la medida de que “los ciudadanos sean conscientes que la circulación de información altamente retuiteada y ampliamente repartida a través de las redes, cuando no existe una fuente o una vocería autorizada, debe tener una cautela y una precaución constante a nivel de la interpretación. El riesgo de retuitear cualquier información que aparezca, de no chequear cuál es su origen, cuáles son los argumentos que están detrás de esa información, es también parte de una formación ciudadana de la que debería hacerse cargo la comunicación de riesgo”.

Arturo Baeza
Prensa UChile