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Especialistas en astrofísica llaman a proteger un patrimonio natural clave frente a la expansión industrial y la contaminación lumínica.

Chile concentra algunos de los cielos más privilegiados del mundo para la observación astronómica. Sin embargo, su preservación enfrenta crecientes desafíos en un contexto marcado por la expansión de proyectos industriales, el aumento de la contaminación lumínica y la necesidad de equilibrar desarrollo económico con protección ambiental.

Desde el Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá, expertos advierten que el cielo nocturno no solo debe entenderse como un recurso para la ciencia, sino como un componente esencial del entorno natural, cultural y social del país, cuya degradación puede tener efectos que van más allá de la astronomía.

Un patrimonio cultural y científico

La astrónoma Bárbara Rojas Ayala, académica de la Universidad de Tarapacá, plantea que el cielo nocturno forma parte del entorno que habitamos y tiene un valor propio, independiente de su uso científico.

Es un patrimonio natural porque forma parte del ambiente, al igual que los ecosistemas terrestres o marinos. No existe solo para ser utilizado por la ciencia, sino que tiene un valor en sí mismo.

A esto se suma una dimensión cultural, vinculada a la historia y a la forma en que distintas civilizaciones han comprendido el mundo a través de la observación del cielo. En esa línea, el astrónomo Julio Carballo, también de la Universidad de Tarapacá, enfatiza que su importancia trasciende el ámbito académico.

El cielo siempre ha estado ahí y ha jugado un papel importante para todas las culturas, en la agricultura, en la orientación, en los calendarios. Es parte de la cosmovisión de los pueblos.

Lo que está en juego: ciencia, medioambiente y desarrollo

La degradación de los cielos no solo impacta la investigación científica, sino también el posicionamiento internacional del país y otras áreas de desarrollo. Rojas advierte que Chile podría perder una de sus principales ventajas estratégicas.

Se pierde simultáneamente capacidad científica, patrimonio natural y oportunidades de desarrollo sostenible, como el astroturismo.

En la misma línea, Carballo señala que la contaminación lumínica puede afectar directamente la posibilidad de realizar descubrimientos clave.

Tal vez perdamos la oportunidad de encontrar indicios de vida en planetas lejanos. También se pierde prestigio internacional y capacidad de atraer inversión científica.

Ambos coinciden en que el impacto también alcanza al medioambiente y a la vida cotidiana. Carballo explica que la contaminación lumínica altera ecosistemas, afecta ciclos biológicos y supone un uso ineficiente de la energía.

Estamos derrochando una cantidad de luz innecesaria, lo que implica también un gasto energético que podríamos evitar.

Contaminación lumínica y expansión industrial

Uno de los principales riesgos identificados por los especialistas es el crecimiento de megaproyectos industriales en zonas cercanas a observatorios astronómicos, especialmente en el norte del país. Bárbara Rojas advierte que estas iniciativas pueden ser incompatibles con la observación científica si no consideran criterios estrictos de protección.

Proyectos que funcionan 24 horas requieren iluminación constante, y eso afecta directamente la calidad del cielo y el tipo de ciencia que se puede realizar.

Además de la luz artificial, menciona otros impactos asociados, como vibraciones o alteraciones atmosféricas, que pueden incidir en el funcionamiento de los telescopios. Por su parte, Carballo coincide en que la cercanía de estos proyectos representa un riesgo creciente.

Cada vez hay más proyectos industriales cerca de los observatorios, y eso puede afectar su funcionamiento y también la decisión de futuras inversiones científicas en el país.

El desafío: equilibrio entre desarrollo y protección

Pese a este escenario, los especialistas coinciden en que no se trata de frenar el desarrollo, sino de avanzar hacia un modelo que permita compatibilizar crecimiento económico y protección del entorno. Rojas plantea que Chile tiene condiciones para lograr ambos objetivos, siempre que se implementen criterios adecuados.

Tenemos la oportunidad de desarrollar energías sostenibles y al mismo tiempo proteger los cielos oscuros. Pero eso requiere decisiones responsables.

En ese contexto, el desafío no solo es técnico, sino también político y cultural: reconocer el valor estratégico de los cielos y avanzar en regulaciones que permitan resguardarlos en el largo plazo.

Mientras el país continúa consolidándose como un polo astronómico a nivel mundial, el debate sobre cómo proteger sus cielos se vuelve cada vez más relevante, no solo para la ciencia, sino también para el medioambiente, la cultura y el desarrollo futuro. Expertos recomiendan que si se implementa un proyecto de tal magnitud se contemple la distancia y los factores ambientales para mantener el ecosistema y el cuidado de los cielos.