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Desde el 26 de abril de 2026, la jornada laboral baja de 44 a 42 horas semanales. Fomentar el descanso y la conciliación familiar son los ejes principales de este proyecto. Con la meta de llegar a las 40 horas de trabajo semanales, desde el domingo 26 de abril se da un nuevo paso en la Ley 40 horas, al ejecutar la rebaja a las 42 horas de trabajo por semana.

Esta reducción de horas de trabajo es un cambio legal obligatorio para los empleadores que busca, entre otros objetivos, fomentar el descanso y la conciliación familiar de las personas, Hernán Juri, docente del Diplomado en Gestión Estratégica de RR.HH. y Relaciones Laborales de UNegocios de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, explica que este cambio “beneficia, en términos generales, a todos los trabajadores regidos por el Código del Trabajo que actualmente están sujetos a jornada ordinaria, es decir, a la gran mayoría de los trabajadores dependientes del sector privado. Quedan fuera, como es habitual, quienes ya tienen sistemas excepcionales de jornada o están excluidos de limitación de jornada”.

El economista aclara que el empleador debe “ajustar la jornada diaria o distribuir la reducción en uno o más días de la semana”. Sin embargo, especifica que “lo que no está permitido es compensar esta rebaja disminuyendo remuneraciones, aumentando la intensidad del trabajo de forma abusiva o alterando unilateralmente otras condiciones esenciales del contrato. Tampoco puede ‘simular’ cumplimiento reduciendo horas formales, pero exigiendo trabajo fuera de jornada”.

“La ley es explícita en que la reducción de jornada no puede implicar una disminución de remuneraciones. El trabajador debe ganar lo mismo por menos horas. Si ocurre lo contrario, estamos frente a un incumplimiento legal que puede ser fiscalizado y sancionado por la Dirección del Trabajo. Aquí no hay espacio para interpretaciones creativas”, señala el profesor Hernán Juri.

El principal beneficiario: el trabajador

El docente Hernán Juri añade que “el principal beneficiado es el trabajador, en términos de calidad de vida, conciliación laboral y tiempo de descanso. Pero también hay un beneficio indirecto para las empresas que implementan esto de manera inteligente: mejora del clima laboral, menor rotación y, en muchos casos, aumento de productividad. Ahora, seamos claros: ese beneficio empresarial no es automático, depende de una buena gestión y de evaluar la forma de diálogo existente al interior de la empresa”.

Por su parte, el académico del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de ChileCarlos Díaz, agrega que, aunque la primera disminución de dos horas fue “bastante tímida”, da muestras de beneficios tanto en el bienestar como en el plano de la productividad, sin efectos negativos, “muy por el contrario”.

“Los datos indican que ha habido una disminución de licencias médicas en los sectores, sobre todo de servicio, en la banca, relacionada con la reducción de la jornada laboral. No así en algunas industrias como la minería, donde en lugar de reducir la jornada, lo que han hecho es compensarla con días de vacaciones, lo cual, si bien es beneficioso, no tiene los mismos efectos que reducir la carga laboral en la jornada diaria”, detalla Díaz.

Retroceder en medidas como esta, indica el académico, “sería una muy mala noticia, puesto que sería ir a contrapelo de la evidencia científica disponible y sería ya más bien una suerte de definición dogmática de que mientras más se trabaja, más se produce, lo cual es completamente falso. De hecho, lo que dicen los datos, por ejemplo, es que en Chile el nivel de productividad es la mitad por hora de lo que sucede en Alemania: hay mucho tiempo que se pierde en presentismo, en malas coordinaciones, en organizaciones que no funcionan de manera adecuada; por lo tanto, apostar a que estar amarrado al lugar de trabajo genera mayor producción y productividad es un terraplanismo organizacional, por ponerlo en ese plan”.