Expertos/as del Centro de Investigaciones Costeras de la Universidad de Atacama explican las causas de la presencia de algas en playas como Caldera y Bahía Inglesa, un proceso natural que se intensifica durante el verano y que no representa peligro para los bañistas.
Durante el verano, turistas y residentes han observado la acumulación de algas verdes y rojizas en diversas playas de la Región de Atacama, especialmente en sectores como Caldera y Bahía Inglesa. El fenómeno ha generado preocupación debido a los malos olores y al impacto visual que produce en la costa.
Sin embargo, especialistas del Centro de Investigaciones Costeras de la Universidad de Atacama (CIC-UDA) explican que se trata de un proceso natural que ocurre periódicamente en ecosistemas costeros y que no implica riesgos para la salud de las personas.
Un proceso natural asociado al verano
La investigadora Valeska San Martín Montoya, vinculada al Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS) y al Centro de Investigaciones Costeras de la UDA en Caldera, señala que la aparición de estas acumulaciones de algas está vinculada a condiciones ambientales propias de la temporada estival y aclara que son algas diferentes.
Las algas grandes y visibles para los turistas en Bahía Inglesa son macroalgas que crecen más porque hay más nutrientes en las corrientes y se desprenden con los fuertes movimientos del mar.
La especialista explica que la presencia de nutrientes en el mar, sumada a factores como el aumento de la temperatura del agua y la dinámica de marejadas, favorece el crecimiento de estas algas y su posterior varamiento en las playas. «Es como estar en un invernadero».
A esto se suma el investigador del CIC-UDA, Dr. Edgardo Cruces, que ayuda a entender el por qué del fenómeno.
La surgencia costera, es decir, el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes hacia la superficie, aporta el fertilizante natural que sostiene una alta productividad biológica.
Cuando la biomasa se acumula en la arena y sumado al calor, comienza un proceso de descomposición natural que genera olores desagradables que molestan a los turistas y podría provocar alteraciones temporales en la fauna que habita en la zona intermareal.

Imagen del Centro de Investigaciones Costeras de la Universidad de Atacama.
Percepciones y mitos sobre el origen de las algas
La investigadora San Martín, explica que este fenómeno se repite regularmente en la zona, especialmente durante la temporada primavera- verano y responde a dinámicas ecológicas propias del litoral que son completamente naturales y no muestran riesgo para la salud del ecosistema.
La especialista también aborda algunas percepciones erróneas que circulan entre visitantes, quienes en ocasiones atribuyen la presencia de algas a actividades de acuicultura como los criaderos de ostiones.
El turista estaba diciendo que había contaminación y que por eso estaban las algas varadas o porque murió un lobo marino que contaminó la zona y aparecieron estas algas. ¡No tiene nada que ver!.
Según explica, están trabajando con distintas organizaciones como el Minsal, el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y la Subsecretaría de Pesca, para sacar boletines informando sobre estos eventos.
Sin riesgos sanitarios para los bañistas
Aunque la acumulación de algas puede afectar debido al olor y a su apariencia, los investigadores coinciden en que no representa riesgos sanitarios para quienes visitan la costa.
El principal efecto del fenómeno es estético y olfativo, producto del proceso de descomposición de la biomasa, pero las algas presentes no son tóxicas ni dañinas para las personas.
Cuando la gente llegó a Bahía Inglesa hubo un fin de semana en que empezaron a aparecer estas noticias de que el agua se puso de color café, duró como tres días y al día siguiente ya estaba color turquesa y empezó a aparecer nuevamente la gente.
Pero como asegura la experta, es más que nada la estética del lugar, lo que no afecta la experiencia del turismo en la zona, de hecho, las (micro) algas que se generan en el fondo marino producen fenómenos como la bioluminiscencia en el mar nocturno.
Sin embargo, el investigador Cruces difiere de la académica y asegura que si afecta.
Para Bahía Inglesa, sí hay evidencia reciente de percepción negativa de visitantes. En febrero de 2026, 24 Horas reportó sorpresa y molestia por el cambio del color del agua y por el olor.

Imagen de CIC- UDA
Un recurso con potencial para la región
Los especialistas también plantean que uno de los desafíos pendientes es avanzar en estrategias para la gestión de la biomasa que queda varada en las playas. San Martín cuenta qué se hace actualmente con las algas.
Mucha gente empezó a reclamar y el municipio empezó levantar toda esta información, fotos, videos, de lo que se hace todos los días para limpiar las playas. Esto al final iba a parar a vertederos, pero hay un grupo de personas que rescatan este material y después lo venden.
En lugar de considerarse únicamente un residuo, estas algas podrían transformarse en un recurso con potencial de aprovechamiento. El especialista Edgardo Cruces piensa en el fin a corto plazo.
Para Atacama, la opción más realista de corto plazo no parece ser un gran negocio bioindustrial, sino un modelo de valorización local y estacional: recolección temprana antes de la descomposición, separación de arena e impurezas, caracterización química y luego uso en compost/enmiendas.
Mientras que Valeska San Martín cree que se puede usar por ejemplo, en la elaboración de fertilizantes, compost o incluso aplicaciones industriales.
Estamos trabajando junto a una acuicultora de acá, en un proyecto que transforma el alga en un bioestimulante que se obtiene de la trituración de algas, es un líquido concentrado de nutrientes que se puede usar para plantas terrestres como abono o fertilizante y ayuda a reducir el riego, aporta nutrientes, etc.
También se puede ocupar en la fabricación de textiles, fibras, se puede hacer un montón de cosas.
De esta manera, además de mitigar su impacto en el turismo, el fenómeno podría abrir nuevas oportunidades para el desarrollo sustentable en las zonas costeras de la Región de Atacama.
