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El profesor Luis Quiñones, jefe del Laboratorio de Carcinogénesis Química y Farmacogenética del Departamento de Oncología Básico Clínico de la Facultad de Medicina, buscará esta respuesta cruzando datos clínicos, bioquímicos y marcadores genéticos de mil pacientes hospitalizados por esta infección en el país, los que además se contrastarán con muestras de otras cinco naciones.

El virus llegó para quedarse. Así de categórico es el Dr. Luis Quiñones, profesor de la Facultad de Medicina y jefe del Laboratorio de Carcinogénesis Química y Farmacogenética, al relevar la importancia que tiene la realización de investigación científica de manera de contar con más y mejores herramientas para enfrentar esta enfermedad.

Al respecto, el académico explicó que el proyecto «Biomarcadores Genéticos, Clínicos y Bioquímicos como Predictores de Mal Pronóstico, en Pacientes Diagnosticados con Covid19. Creación de un Score de Priorización de la Atención», que encabeza, busca crear una herramienta clínica -llamada ‘score’- que permita establecer el pronóstico de un paciente.

«Queremos establecer qué tan grave va a estar. Apuntamos a que sea un de algoritmo de proyección, un modelo predictivo que incluso pueda ser convertido en un software, y que utilizando los datos clínicos del paciente, los de laboratorio, los sociodemográficos y los de marcadores genéticos alterados, permita definir anticipadamente y con sustento de evidencia científica, qué individuo podría requerir maniobras avanzadas de ventilación tales como la mecánica invasiva, de manera de focalizar el uso de estos recursos”, remarcó Quiñones.

De esta forma, y recogiendo parámetros clínicos como la anamnesis del paciente, los resultados de exámenes de parámetros bioquímicos, como el análisis de ferritina, dímero D, proteína C reactiva y otros, datos como sexo, edad, comuna de residencia y características étnicas, los que se suman a los cambios que puedan tener determinados marcadores genéticos vinculados a la infección por COVID, el equipo liderado por el doctor Quiñones, acompañado por sus investigadores alternos, Alejandra Lavanderos, Matías Martínez, Leslie Cerpa y Nelson Varela, espera generar un algoritmo que permita un pronóstico certero e individualizado, así como un mejor uso de los recursos al interior de los hospitales.

Las variantes en la mira

Los marcadores genéticos que revisarán saldrán de la primera etapa del estudio, basada en un análisis GWAS (Genome Wide Association Study) mediante secuenciación de genoma completo, que dará lugar a los genes y variantes genéticas involucradas. Esto, en conjunto con variables no genómicas como las ya descritas, dará lugar a la herramienta, un SCORE de predicción que será validado en una segunda etapa, detalla el investigador. Algunos genes ya están en la mira: “El primero es una proteína que es el blanco de acción del virus SARS-CoV-2, como es la ACE2, la enzima convertidora de angiotensina 2, y que es el lugar donde también se unen los fármacos que se usan para hipertensión, en un solapamiento de dos acciones; veremos si su alteración genética puede llevar a que los individuos sean más o menos susceptibles a la acción del virus”.

También verán posibles cambios en la enzima TMPRSS2, proteasa transmembrana serina-tipo II, que se expresa en los neumocitos tipo II, en el epitelio bronquial. Esta proteasa ayudaría en la activación de la proteína S –molécula con forma de espícula ubicada en la superficie del virión o forma infectiva-, cortándola en dos subunidades, para así lograr que las proteínas de la envoltura del virus se unan de manera eficiente al receptor ACE2, dando inicio a la infección. “Se sabe que esa proteasa tiene variantes genéticas, que hay personas que tienen su enzima más o menos activa, y nosotros creemos que dependiendo de esa actividad el virus va a ejercer mayor o menor infectividad y/o severidad”. Por la relevancia de estos marcadores, el doctor Quiñones agrega que ya se han iniciado tesis de postgrado en el estudio de estos dos genes.

Por último, revisarán la actividad de genes de algunas moléculas inmunológicas, como los receptores Toll-Like (TLR) y las interleuquinas 6 y 1b que se sabe son afectados por el accionar del virus. “Sin embargo, ya que secuenciaremos el DNA completo de nuestros pacientes, podremos ver si es que hay alguna otra variabilidad producida por la infección”, detalla el doctor Quiñones.

Colaboración internacional

Para la realización del estudio, reclutarán a mil pacientes internados en unidades de cuidados intensivos, de quienes obtendrán los datos clínicos, bioquímicos y sociodemográficos, los cuales serán ingresados a un sistema de ficha electrónica en línea; luego secuenciarán todo su DNA en base a sus muestras de sangre, y así determinarán los genes y variantes genéticas que tengan relación con la patología para ingresarlos al algoritmo de pronóstico.

En Santiago, los pacientes provendrán principalmente de los hospitales de Asistencia Pública (HUAP) –donde figuran como coinvestigadores el doctor Alejandro Santander, jefe de la UCI y el doctor Sergio Vargas-, y de la UCI del Hospital San Juan de Dios, del cual participa el doctor José Miguel Arancibia; pero también contribuirán la Fundación Arturo López Pérez, a través de la doctora Eva Bustamante, y el Hospital Clínico Universidad de Chile.

Fuera de la capital, participarán los hospitales de Higueras y el Regional de Concepción, en colaboración con la Universidad de Concepción, con las académicas Tamara Sandoval y Pía Córdova; el Hospital Regional de Temuco, con la profesional Sandra Torres, en vinculación con la Universidad de La Frontera y la profesora Daniela Rocha, y la Universidad Autónoma de Chile, en Talca, con el doctor Roberto Díaz-Peña. “Y, además, tendremos el apoyo de otros cinco países que nos van a enviar muestras para realizar comparaciones, con el fin de ver si su respuesta es distinta a la nuestra: Argentina, Brasil, Ecuador, Guatemala y México”.

El trabajo internacional no termina ahí. “Tenemos un grupo colaborador integrado por el doctor Bruce Carleton, de la universidad canadiense de British Columbia –cuyo equipo realizará el estudio de asociación de genoma completo o GWAS- y que, junto a los doctores Shrikant Bandgdiwala de la Universidad de McMaster en Canadá; Alison Fohner, de la Universidad de Washington en Estados Unidos, y José Agúndez, de la Universidad de Extremadura en España, serán nuestros supervisores de avance del proyecto”.

Así, en definitiva, mediante estas comparaciones determinarán una posible influencia de la etnia en los resultados de las variantes genéticas. «Uno de nuestros focos de interés es determinar si la variabilidad genética que vamos a observar está relacionada a factores étnicos; por ejemplo, en Chile tenemos altas tasas de contagio pero baja letalidad; creemos que podría haber una explicación de ese tipo», detalla el especialista.

Los resultados de este estudio, finaliza el doctor Quiñones, cobran relevancia cuando reflexiona que “este virus llegó para quedarse. Porque cuando tengamos la vacuna, aunque ésta sea eficiente, el virus va a seguir siendo de aparición anual”.