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La académica de la Facultad de Medicina de la U. de Chile y quien ha liderado uno de los centros de estudio en fase 3 de dicha vacuna, analiza el rol que ha tenido el plantel público en el combate contra el coronavirus, los pasos a seguir y las proyecciones sobre el proceso de inoculación que se inició en el país con la llegada de las primeras vacunas de Pfizer. «Este virus llegó para quedarse y es un trabajo de muy largo plazo el seguir cuidándonos y evitar que volvamos a las situaciones críticas que tuvimos en los meses de junio-julio respecto de la ocupación de camas críticas y el agotamiento de los equipos de salud», recalca.

«A cualquiera le puede pasar. Soy infectóloga, me cuidaba infinitamente y me enfermé de todas formas», dice -en medio de la entrevista- la académica de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, María Elena Santolaya. A fines de mayo, y como ella misma cuenta a modo de lección para quienes ponen en duda el COVID-19, fue portadora del virus, y no solo ella, sino que también otros integrantes de su círculo cercano.

«(Se genera) Una sensación de vulnerabilidad que no es menor, y mi consejo para todas las personas es que se cuiden, que no piensen que esto es un mito o un virus que le va a pasar a los demás porque perfectamente le puede pasar a cada uno de los que están leyendo esta nota”, recalca.

La investigadora desde mediados de año ha estado enfocada en el trabajo de conseguir una vacuna para combatir el coronavirus. Dirigió uno de los centros del estudio en fase 3 de la vacuna de la U. de Oxford y el laboratorio AstraZeneca, en los que ha estado contribuyendo la Casa de Bello, junto a las pruebas de Janssen y Sinovac.

Su labor ha estado específicamente en el Hospital Luis Calvo Mackenna. En total, 530 personas fueron enroladas en las pruebas, las que se sumaron a las más de 2 mil, que fueron inoculadas en el vacunatorio de la Facultad de Medicina del plantel público, a cargo del doctor e investigador del programa de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina, Sergio Vargas.

Frente al inicio de la aplicación de la vacuna de la universidad británica –que comenzó esta semana en Reino Unido, siendo un hombre de 82 años inmunizado– Santolaya dice esperar que también sea aprobada en Chile, de parte del Instituto de Salud Pública. «Las personas van a tener que ir usando las vacunas que estén disponibles en la medida que vayan llegando al país en relación a los grupos de riesgo», explica. Y, agrega que «vacunarse es un hecho de protección personal y colectiva«, ante las dudas e inquietudes que han surgido entre quienes no están convencidos de su aplicación.

¿Cómo fue liderar las pruebas de una de las vacunas candidatas para poner fin a la pandemia?

Fue un privilegio poder contribuir en el desarrollo de una de las posibles soluciones a esta pandemia. La vacuna ya está autorizada para su uso de emergencia en Reino Unido y también en India. Ahora, depende de la prioridad que le dé el Instituto de Salud Pública al análisis para su posible llegada a Chile en los próximos meses.

En nuestro país, ¿cuáles son los pasos a seguir?

Hay un plan del Gobierno que hay que revisarlo, que tiene que ver con la prioridad y la definición de grupos de riesgo. Ellos partieron por definir que los equipos de salud que trabajaban en Cuidados Intensivos eran el grupo número 1 y hay después una definición de los siguientes grupos de riesgo, donde están por supuesto trabajadores de la salud, adultos mayores, enfermos crónicos y otros tipos de personas que trabajan en situaciones esenciales como colegios y cárceles. Hay que revisar esos grupos de riesgo y la estrategia que siga el Gobierno depende exclusivamente de lo que ellos definan.

Nosotros, por nuestra parte, terminamos el enrolamiento de voluntarios en el estudio de Oxford. En Chile participaron cerca de 2300 personas. Cada uno tiene que recibir dos dosis de vacuna, por lo tanto, estamos trabajando ahora activamente en la segunda dosis y en el seguimiento de nuestros voluntarios.

Al inicio hablaba de que esto significó una gran oportunidad para la universidad. Pero para usted, ¿qué implicó?

Ha sido una oportunidad bien gratificante porque la pandemia del Covid-19 es como un sinónimo de muerte, enfermedad y pérdida, entonces verse involucrado en el estudio de algo que pudiera significar una de las posibles soluciones, la verdad que ha sido muy gratificante para nosotros.

También ha sido gratificante la actitud de la gente respecto de sus motivaciones para participar en las pruebas. Hay gente que lo hace por interés de protegerse personalmente, otros para proteger a un tercero que vive con ellos, y hay otros que participan genuinamente por aportar al desarrollo de la ciencia, y eso también es muy bonito.

En lo personal, ha sido una experiencia muy interesante para mí.

A fines de diciembre se cerró el estudio a nivel mundial… 

El estudio en fase 3 de la vacuna de Oxford pretendía enrolar en el mundo 30 mil voluntarios y eso se logró. El enrolamiento se cerró el 29 de diciembre, las personas recibieron una primera dosis de la vacuna y ahora estamos en la segunda, y en principio este estudio, por una recomendación de la Organización Mundial de la Salud, debería durar dos años. Pienso que el seguimiento debería ser un poco menor porque no me veo, en dos años más, aun pensando cuales son las vacunas más eficientes para el coronavirus. Esto debería tener un seguimiento al menos de 6 meses. La gente ha sido muy disciplinada, se ha portado extraordinariamente bien, y han seguido las indicaciones del estudio a cabalidad.

Hay varias dudas en torno a las vacunas, por ejemplo, ¿el efecto inmunizador es inmediato?

No. Si una vacuna tiene dos dosis es porque se necesita el refuerzo para crear una buena respuesta de anticuerpos. De hecho, en las redes sociales y en la prensa hay casos de personas que se han vacunado y cinco o siete días después se han enfermado de COVID-19. Eso es enteramente natural y esperableporque la respuesta inmune en las personas es un hecho biológico que tiene una temporalidad. Tú no despiertas con una respuesta de anticuerpos de manera espontánea, tiene que haber un tiempo y normalmente antes de dos a tres semanas esta respuesta no es eficiente todavía.

Como el caso de la funcionaria del Hospital Las Higueras que se conoció esta semana…

Totalmente esperable. No nos alcanza con tener solo una buena vacuna porque acá estamos hablando de una producción de vacunas a nivel mundial para inocular a miles de millones de personas. Estamos en una situación de pandemia, entonces no se trata de competir entre la vacuna A, B y C, sino que ojalá en algunos meses -más en todos los países del mundo- contemos con varias buenas vacunas para poder proteger a nuestra población.

Pero, habrá grupos de población con distintas fórmulas, ¿cómo funcionará?

Lo lógico y razonable es que las personas se vacunen con una sola vacuna. O sea, si yo participé en un determinado estudio y recibí la vacuna A no tiene mucho sentido que use el recurso de la vacuna B, que puede usar otra persona, si yo ya me inmunicé. Por eso decía que ojalá que tengamos en Chile vacunas de Pfizer, Oxford, Sinovac, Moderna o de lo que sea, para que de verdad tengamos una provisión de vacunas que nos alcance para cubrir las necesidades de nuestra población. Eso mismo es extrapolable a todos los países del mundo porque esto no es un tema de Chile, esto es un tema que hay que mirar de manera holística, de manera global. Por lo tanto, no es recomendable, no tenemos datos y no hay información en la literatura, sobre qué pasa si una persona recibe varias vacunas, si va a estar más protegida que si recibió solo una, eso no tiene mucho sentido biológico, volviendo a lo que hablábamos antes.

Este punto genera dudas, porque habrá un momento en que tendremos más de una vacuna vigente… 

No creo que lleguemos a un momento en que uno pueda elegir me pongo la vacuna A, la B o la C. Yo creo van a ir llegando vacunas de manera sucesiva y se van a ir vacunando las poblaciones de riesgo también de manera sucesiva. Salvo la gente que participó adelantadamente en los estudios de fase 3, que son varios los que se han hecho en Chile, y que todavía se están haciendo en algunas regiones del país. Creo que las personas van a tener que ir usando las vacunas que estén disponibles en la medida que vayan llegando al país en relación a los grupos de riesgo.

Sobre la posible escasez y aplazar la aplicación de la segunda dosis, ¿cuál es su opinión?

Lo que se sabe de las vacunas es que cuando uno usa dos dosis, éstas no deben ser más seguido de 4 semanas. O sea, tú tienes que separar la dosis 1 y 2 por ese periodo de tiempo en general. Ahora, no se trata de separarlas por más tiempo, sino que lo que se está pensando es eventualmente tener más población protegida con la primera dosis podría hacer -en un ambiente en que hay todavía determinada carencia de vacuna- más protector poblacionalmente para después poner la segunda dosis en esa población. Entonces, eso es algo que se está evaluando, hay mucha discusión a nivel mundial sobre el punto. Lo que le tiene que quedar claro a la gente es que si las personas se ponen una vacuna en que se recomiendan dos dosis, hay que ponerse las dos dosis, separadas por un tiempo que se verá si es cuatro u ocho semanas, eso también va a depender de la disponibilidad de vacunas y de la circulación del virus en distintos países del mundo.

Hay algunos mitos, por ejemplo, sí me vacunó, ¿puedo relajarme?

Eso es completamente falso porque vacunarse es un hecho de protección personal y colectiva. O sea, si me vacuno me protejo a mí misma, pero a la vez protejo a mi entorno, entonces es un acto propio, individual de protección y es un acto de generosidad poblacional porque estoy disminuyendo la transmisión del virus y estoy protegiendo a otras personas. Que yo me vacuné en un estudio clínico, por ejemplo, que es la situación más global que tenemos hoy en Chile, significa que puedo recibir vacuna o placebo, por lo tanto, tampoco no sé si estoy efectivamente protegido. Entonces, mantengamos la rigurosidad, mantengamos el distanciamiento más de un metro, la mascarilla, y el lavado manos como medidas esenciales, además de los que han tenido la fortuna a estas alturas de poder estar vacunados.

Si se inoculan los demás, ¿no es necesario que me vacune?

Esa es una conducta un poco egoísta y que no conduce a una protección grupal, porque si lo que yo quiero es tener una inmunidad poblacional, que se conoce como inmunidad de rebaño, necesito que este vacunada la mayoría de las personas, que debe ser mayor a un 80 por ciento.

¿Qué mensaje le gustaría entregar a la población?

Yo me enfermé de COVID-19 y lo pase pésimo. En este momento estoy súper sana. Pero podría perfectamente no estar sana, haberme muerto o haberme pasado algo distinto porque esto es bien aleatorio. Siento que la gente que se escuda en que ‘yo soy sano, yo hago deporte, soy flaco y joven’ está mirando un pedacito del problema. Me parece que lo más interesante es que seamos generosos en nuestra manera de ver este problema, y  que entendamos que cada uno de nosotros tiene que cuidarse para protegerse a sí mismo y para proteger no solo a sus cercanos. Estoy hablando de una mirada un poquito más colectiva y menos individualista, que es lo que nos tiene que llevar a pensar que es lo que nos ha pasado este año con este virus.

Es importante que la gente tome un poquito de distancia, mire este problema y comprenda que este virus llegó para quedarse, es un trabajo de muy largo plazo el seguir cuidándonos y evitar que volvamos a las situaciones críticas que tuvimos en los meses de junio-julio respecto de la ocupación de camas críticas y el agotamiento de los equipos de salud para hacer frente a una situación epidemiológica, donde todos somos responsables de cuidarnos y de cuidar a los demás.

Maritza Tapia, periodista Prensa U. de Chile. Fotos: Alejandra Fuenzalida.