A través de una experiencia que une arte y ciencia, la Universidad de Valparaíso busca acercar a la comunidad al ecosistema del huiro flotador, una especie clave para la biodiversidad y hoy amenazada por la sobreexplotación y el desconocimiento.
Una experiencia que invita a mirar el mar desde otra perspectiva. Así se presenta “Bosques de Agua: transitando por el mundo de las algas”, una exposición que combina arte y ciencia para relevar el valor de los ecosistemas marinos, muchas veces invisibilizados.
La muestra, desarrollada en la Facultad de Ciencias del Mar y de Recursos Naturales de la Universidad de Valparaíso, propone un recorrido inmersivo donde el público puede explorar simbólicamente un bosque submarino y comprender el rol del huiro flotador en el equilibrio del océano.
En ese cruce de disciplinas, la ilustradora participante del proyecto, Francisca Sandoval, explica que la iniciativa busca visibilizar la vida que habita en torno a estas algas a través de un lenguaje accesible como el arte.
El propósito principal de esta exposición es dar a conocer los bosques de huiro flotador y el ecosistema que vive en él, a través de la cerámica y la ilustración.
Un ecosistema clave, pero en riesgo
Más allá de su presencia en las costas, el huiro flotador cumple un rol fundamental en el equilibrio ecológico marino. Así lo explica Pilar Muñoz, ficóloga y académica de la Universidad de Valparaíso, quien advierte que se trata de una especie de gran escala y relevancia ambiental.
El huiro flotador es el organismo más grande del océano, puede ser incluso más grande que una ballena. Forma bosques enormes que no solo nos entregan oxígeno (más de la mitad del oxígeno que respiramos viene del océano), sino que también sirven de alimento, refugio para especies marinas y protección para las costas, porque disipan la energía del oleaje.
En esos ecosistemas se sostiene una parte importante de la biodiversidad marina y de las cadenas alimentarias que también sustentan actividades humanas. Sin embargo, su conservación enfrenta serias amenazas.
En Chile tenemos los bosques de algas más grandes del mundo, pero también somos el país que más depreda estas praderas naturales. La mayoría de las algas que se extraen provienen directamente del ecosistema y no de cultivo, lo que genera un daño profundo.
La académica agrega que, pese a la existencia de regulaciones como la veda del huiro, existe un bajo nivel de conocimiento ciudadano sobre estas medidas y sus implicancias.
Hay vedas hace más de diez años y muchas personas ni siquiera lo saben. Esto está causando un daño no solo a las algas, sino a todos los organismos que dependen de ellas, incluidos a nosotros.

Imagen de Universidad de Valparaíso.
Arte para conectar con el océano
Frente a este escenario, la exposición apuesta por el arte como una herramienta clave para acercar el conocimiento científico a la comunidad y generar conciencia. A través de ilustración y cerámica, las artistas Francisca Sandoval y Constanza Riveros construyen una experiencia que permite visualizar la complejidad de estos ecosistemas y facilitar su comprensión.
En ese cruce entre disciplinas, la dimensión emocional cumple un rol central. Como explica Muñoz, el desafío no es solo informar, sino también establecer una conexión con las personas para que estas se conviertan en actores de cambio.
Para que las personas cambien su relación con el medioambiente, necesitan conectar emocionalmente. En el caso de las algas, eso es más difícil, por eso estas experiencias artísticas son fundamentales para generar ese vínculo.
Desde el origen del proyecto, esa falta de conocimiento fue precisamente uno de los motores de la exposición. En esa línea, Sandoval advierte que existe una percepción errónea sobre estas especies, muchas veces vistas como elementos sin vida.
Muchas veces uno ve el huiro en la playa y piensa que es algo inerte, pero detrás hay todo un ecosistema que casi nadie conoce.
La muestra permite recorrer distintas capas del ecosistema, desde organismos microscópicos hasta especies mayores, revelando un mundo que suele pasar desapercibido.
Exposición itinerante
Pensada para salir del espacio universitario, la instalación fue diseñada como una estructura desmontable que facilita su traslado a distintos territorios. La proyección de la exposición busca ampliar el acceso al conocimiento sobre los ecosistemas marinos y generar una relación más cercana entre las personas y el océano.
Tras su paso por la Universidad de Valparaíso, la muestra continuará su recorrido y llegará a nuevas comunidades, con una próxima parada programada para fines de marzo en la Escuela del Océano de Pichilemu.

Imagen de Universidad de Valparaíso.
De la experiencia a la acción
Uno de los principales efectos de la exposición ha sido despertar inquietud y conciencia en quienes la visitan. Según la académica, el impacto va más allá de la experiencia estética.
Las personas quedan preocupadas y lo primero que preguntan es qué pueden hacer por el océano. Muchas veces dañamos sin saber, porque estamos desconectados del mar.
Esa conexión es precisamente uno de los objetivos del proyecto. En ese sentido, la ilustradora enfatiza que la experiencia busca ir más allá de lo estético.
Queríamos que esto no fuera solo algo bonito, sino que realmente generara una reflexión sobre nuestra relación con el mar. Leí mucho y traté de hacer las ilustraciones lo más precisas posible. La idea era que cualquier persona pudiera entender este mundo. Al salir hay un código QR donde la gente puede obtener información de lo que vio y llevárselo.
En ese contexto, la iniciativa busca instalar una reflexión más profunda sobre la relación con el océano, promoviendo una ciudadanía más informada y consciente.

Imagen de Universidad de Valparaíso.
