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El Dr. Pablo Castro, académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Serena e investigador responsable del estudio, plantea que atribuir el fenómeno sólo a causas ajenas a la escuela impide diseñar políticas y estrategias de prevención más efectivas.

 La violencia escolar se ha convertido en una de las principales preocupaciones del sistema educativo chileno, ya que tras el retorno a las clases presenciales después de la pandemia, aumentaron las denuncias de agresiones, bullying y otros episodios de convivencia conflictiva, lo que abrió un intenso debate público sobre las causas del fenómeno y las estrategias más efectivas para enfrentarlo.

En ese escenario, y con el objetivo de comprender cómo la sociedad chilena ha construido el relato en torno a la violencia escolar y cómo esto influye en las comunidades educativas, el académico del Departamento de Psicología y secretario académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Serena, Pablo Castro, desarrolló el Proyecto Fondecyt Regular N.° 1231667, «La construcción social en Chile de la convivencia y violencia escolar post vuelta a la educación presencial. Un estudio de teorías subjetivas colectivas».

Respecto a esto, el académico Pablo Castro relató que “durante tres años, estudiamos los discursos públicos de distintos actores de la sociedad en medios y redes sociales, tales como el Ministerio de Educación, el Colegio de Profesores, las asociaciones de padres y los expertos en el área, con el fin de ver cómo el país estaba entendiendo este fenómeno”.

“Nuestro objetivo era determinar si en la sociedad chilena actual habían surgido nuevas explicaciones sobre este fenómeno, que podrían influir en las políticas públicas orientadas a dar solución al problema y si esto beneficiaría o no a las escuelas”, explicó.

La investigación fue desarrollada por un equipo interdisciplinario proveniente de tres universidades: Verónica Gubbins Foxley (Universidad Finis Terrae), Fabiana Rodríguez-Pastene, Claudia Carrasco (Universidad de Playa Ancha) y Vladimir Caamaño Vega, estudiante del Doctorado en Psicología de la Universidad de La Serena, con Pablo Castro como investigador responsable.

Este trabajo conjunto se tradujo en trece publicaciones científicas. Además con fondos del proyecto se financiaron cuatro tesis de pregrado y postgrado desarrolladas en la Universidad de La Serena.

Ahondando en los resultados, Pablo Castro aseguró que “al estudiar el discurso público de esos años en Chile —debido al aumento de denuncias— encontramos que muchas personas atribuían los hechos de violencia a la pandemia, lo que desde el punto de vista educacional e investigativo, es cuestionable, porque los problemas de violencia escolar son multifactoriales y eran previos al Covid-19”.

El doctor en Psicología, también puntualizó que “uno de los resultados de la investigación es que hay tres grandes categorías de expertos que tratan de explicar la violencia escolar: los que ponen el acento en lo psicológico, con énfasis en la falta de habilidades socioemocionales y la problemática de salud mental; los que se refieren a aspectos estructurales, atribuyendo la violencia escolar al sistema económico; y los que atribuyen el fenómeno a lo educacional”.

Según el doctor con formación posdoctoral en Estudios de la Infancia y la Familia, las dos primeras explicaciones “dejan la sensación de que todo depende de causas externas a la escuela y que no cambiarán de la noche a la mañana, mientras los niños, niñas y adolescentes siguen enfrentando problemas que pueden derivar en consecuencias graves. Ese desconocimiento de la multifactorialidad del fenómeno hace que las soluciones propuestas no funcionen”.

“La atribución a lo educacional, que denominamos teoría subjetiva educacional, incluye distintos tipos de violencia y plantea la situación como un problema de relaciones interpersonales al interior de la escuela, por eso, aunque no se apunta a la escuela como causante, al ser el espacio donde se produce el fenómeno, la institución debe investigar por qué se producen estos problemas y educar al respecto”, agregó.

El papel de las familias

Al ser consultado sobre la profundidad de esta problemática, el Dr. Pablo Castro sostuvo que “para erradicar la violencia escolar, desde las escuelas se debe comprender las causas de este fenómeno, por eso, esta investigación es un gran aporte para entender el nudo del problema y las dificultades para avanzar”.

“Uno de los principales resultados fue que en las políticas educativas hay explicaciones que dejan fuera a los estudiantes y a las familias. Los expertos sólo señalan a las familias como origen del problema, pero no como parte importante para abordarlo”, añadió.

En línea con esto, el psicólogo Vladimir Caamaño detalló que “estudiamos a cuatro asociaciones nacionales de padres y encontramos que además de los efectos de la pandemia, la violencia se comprendía como un fenómeno relacionado con el debilitamiento de los vínculos entre la familia y la escuela, la pérdida de autoridad parental y de un propósito pedagógico, lo que revela las condiciones estructurales en las que hoy se encuentran muchas familias”.

De acuerdo al Magíster en Psicología de la Universidad de La Serena, “es necesario fortalecer la comunicación, la cercanía y el interés genuino de la escuela por vincularse con las familias y generar relaciones de colaboración, ya que si no existe coherencia en los canales de comunicación, se pierde el vínculo”.

“En la prensa predominan las voces de autoridades y expertos, mientras que estudiantes y familias aparecen mucho menos representados, pero si existieran distintas perspectivas, podríamos tener una comprensión mucho más amplia. Muchas veces las políticas se alejan de la experiencia cotidiana de las comunidades educativas, por eso, escuchar a quienes viven esa realidad es un acto de participación y también una mirada ética de la investigación, ya que necesitamos generar evidencia a partir de voces que, por lo general, no están suficientemente representadas en la ciencia”, insistió.

Sumado a esto, Caamaño -quien además cursa el Doctorado en Psicología USerena- recalcó que “uno de los principales cambios que podrían implementarse es fortalecer un enfoque más preventivo y formativo, promoviendo espacios de diálogo y participación que formen parte de la convivencia y que estén alineados con el proyecto educativo institucional y el plan de mejora educativa, lo que debe ir acompañado de más recursos, mejores condiciones laborales y políticas construidas junto a las comunidades educativas”.

Aún queda mucho por decir

Tras esta investigación, el Dr. Pablo Castro inició un nuevo proyecto Fondecyt Regular, adjudicado este año, que da continuidad a esta línea de trabajo y se titula «La orientación a la acción de la subjetividad profesional ante la violencia escolar: un estudio interpretativo desde las teorías subjetivas de duplas psicosociales, coordinadores/as PIE y encargados/as de convivencia escolar» y se centra en los profesionales asistentes de la educación.

Además de Pablo Castro y Vladimir Caamaño, el equipo está integrado por Claudia Carrasco (Universidad de Playa Ancha), Verónica Gubbins (Universidad Finis Terrae) y, por Ingrid González, académica de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la Serena; Martina Zelaya y la profesora de educación diferencial Anita Cortés, egresadas de la misma casa de estudios.

“Nos interesa trabajar con los profesionales asistentes de la educación porque son expertos situados en la realidad escolar. Sus creencias y su conocimiento sobre lo que funciona y lo que no funciona en las escuelas resultan muy valiosos para comprender mejor el fenómeno y para diseñar, junto a ellos, mejores políticas educativas”, planteó el Dr. Castro.

El nuevo proyecto se desarrollará durante tres años en el Departamento de Psicología de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Serena.

Contenido producido por la Universidad de L a Serena: https://userena.cl/actualidad/8503-%C2%BFestamos-entendiendo-mal-la-violencia-escolar-estudio-entrega-nuevas-claves-para-abordar-el-problema.html