Proyecto de ciencia ciudadana permitió analizar la calidad del agua en espacios urbanos y acercar el conocimiento científico a la comunidad.
El Parque La Hondonada, en la comuna de Cerro Navia, se convirtió en un laboratorio abierto. Allí, estudiantes, docentes y vecinas y vecinos participaron del cierre de un proyecto de monitoreo participativo de aguas urbanas, una iniciativa que trasladó la química desde el aula hacia el territorio.
Impulsado por la Universidad Tecnológica Metropolitana, el proyecto combinó análisis técnico y trabajo comunitario para estudiar el estado del agua que circula por el parque, proveniente de distintos cauces de la ciudad.
Ciencia en terreno y resultados del monitoreo
El proceso permitió identificar variaciones en parámetros físico-químicos del agua, evidenciando la presencia de contaminantes que impactan tanto el ecosistema como el uso del espacio por parte de la comunidad.
En ese contexto, el docente del Departamento de Química de la UTEM y encargado del proyecto, Matías Alegría, destaca el valor de trabajar en terreno y cómo traducir esta información obtenida aporta a la comunidad.
Sacar la química del laboratorio significa dejar de trabajar en escenarios ideales y enfrentarnos a problemas reales. Aquí los estudiantes analizan el agua que forma parte de la vida diaria de las personas.
El monitoreo nos permitió tener una fotografía clara de la calidad del agua. Lo relevante es que estos datos se transforman en información útil para que la comunidad entienda su entorno y tome decisiones informadas.
A través de este enfoque participativo, también se lograron visibilizar problemáticas ambientales urbanas que suelen pasar desapercibidas para la municipalidad pero que afecta a los vecinos.
Se pueden identificar contaminantes, residuos o cambios asociados a la actividad humana. No solo se detectan problemas, también se hacen visibles, y eso abre la puerta a soluciones.

Imagen de UTEM.
Participación comunitaria y gestión local
Desde la Municipalidad de Cerro Navia, la jefa del Departamento de Sustentabilidad, Francisca Valencia, destaca que el enfoque participativo fue clave para el desarrollo del proyecto. La encargada explica que incorporar a la comunidad permitió complementar el análisis técnico con la experiencia cotidiana del territorio, fortaleciendo tanto el diagnóstico como la proyección de soluciones.
Abordar la calidad del agua desde una lógica participativa permitió incorporar los saberes y percepciones de las y los vecinos, promoviendo una mayor corresponsabilidad en el cuidado del recurso hídrico.
En esa línea, detalla que existían preocupaciones previas en la comunidad sobre el estado del entorno y destaca la alianza con UTEM como un elemento clave para el fortalecimiento de la gestión local.
Las y los vecinos manifestaban inquietudes por malos olores, acumulación de residuos, percepción de contaminación y posibles efectos en la salud, además de una sensación de abandono del espacio.
El trabajo con la UTEM aporta rigor técnico, pero también permite que el conocimiento dialogue con las realidades territoriales, acercando la ciencia a la comunidad.
Finalmente, la iniciativa también impacta en la formación de estudiantes, quienes enfrentan problemáticas reales y desarrollan herramientas para el trabajo con comunidades.
La experiencia busca proyectarse en otros espacios urbanos, consolidando la ciencia ciudadana como una herramienta para abordar problemáticas ambientales y fortalecer el vínculo entre comunidad, universidad y sector público.

Imagen de UTEM.
