Un proyecto liderado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA), con participación de la Universidad de Tarapacá, la Universidad Católica y la Universidad de Chile, fue seleccionado por Schmidt Sciences para investigar los vínculos entre el arte rupestre, la cerámica y los geoglifos del norte de Chile.
¿Qué relación existe entre las figuras dibujadas en vasijas, las pinturas rupestres y los enormes geoglifos del desierto de Atacama? Una investigación interdisciplinaria busca responder esta pregunta mediante herramientas de inteligencia artificial (IA) que permitirán comparar miles de registros del arte prehispánico y detectar patrones visuales entre distintas expresiones culturales.
El proyecto, denominado Motifs Across Media: AI Analysis of Prehispanic Atacama Visual Systems, se desarrollará íntegramente en Chile durante dos años. La iniciativa fue seleccionada entre los 19 proyectos ganadores de la convocatoria 2026 del Humanities and AI Virtual Institute (HAVI), impulsado por el fondo filantrópico Schmidt Sciences, que recibió 501 propuestas provenientes de 42 países.
La investigación será liderada por Francisca Gil-Ureta, doctora en computación gráfica e investigadora del CENIA, y reunirá a especialistas en arqueología, antropología y computación de cuatro instituciones: la Universidad de Tarapacá (UTA), la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y el propio CENIA.

Investigación en Atacama. Imagen de la Universidad de Tarapacá.
Comparación de culturas Atacameñas
El estudio se centrará en manifestaciones visuales de las comunidades que habitaron el norte de Chile entre los años 1000 y 1400 d.C. Gracias a las condiciones de aridez del desierto, numerosos vestigios arqueológicos se han conservado durante siglos, entre ellos representaciones humanas, animales y figuras geométricas presentes en objetos de cerámica, pinturas sobre rocas y geoglifos.
Algunas de estas formas se repiten en distintos soportes y territorios, particularmente en los valles de Lluta, Azapa y Camarones. Aunque la arqueología ha reconocido estas semejanzas, establecer su frecuencia y determinar qué relaciones podrían existir entre ellas representa un desafío debido a la cantidad de registros y a la diversidad de materiales disponibles.
Para abordar esta dificultad, el equipo trabajará con imágenes de investigaciones anteriores, entre ellas más de 800 vasijas digitalizadas, ortomosaicos de geoglifos y documentación de arte rupestre. Con estos antecedentes, el equipo desarrollará herramientas de IA que compararán las representaciones e identificarán semejanzas y patrones; los especialistas interpretarán esas señales posteriormente.
Francisca Gil-Ureta destacó que la selección del proyecto demuestra las posibilidades de desarrollar investigación interdisciplinaria desde Chile, utilizando el patrimonio nacional como punto de partida.
Que una iniciativa desarrollada íntegramente en Chile haya sido seleccionada entre más de 500 propuestas de todo el mundo muestra que nuestro país puede hacer investigación de frontera, uniendo Inteligencia Artificial y humanidades a partir de su propio patrimonio.

Investigación en Atacama. Imagen de la Universidad de Tarapacá.
La inteligencia artificial como herramienta arqueológica
La incorporación de IA permitirá ampliar la escala de análisis del material arqueológico, facilitando comparaciones que serían difíciles de realizar únicamente mediante la revisión individual de las imágenes. El objetivo no es reemplazar la interpretación de los especialistas, sino aportar nuevas herramientas para identificar conexiones entre representaciones que aparecen en distintos objetos y lugares.
El académico de la Universidad de Tarapacá y doctor en arqueología Adrián Oyaneder explicó que esta tecnología puede contribuir a formular nuevas preguntas sobre los sistemas visuales de las sociedades prehispánicas y su transmisión entre comunidades.
La Inteligencia Artificial no reemplaza la mirada del arqueólogo, sino que la amplía. Nos ayuda a detectar patrones entre miles de figuras que están en soportes y lugares distintos, para que luego los especialistas puedan interpretarlos con su conocimiento del territorio.
El equipo está integrado también por la Dra. Ana María Cabanas, directora de Investigación e Innovación de la UTA y colaboradora asociada del CENIA; el Dr. Iván Sipiran, del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile e investigador principal del CENIA; los académicos de Antropología de la UTA Adrián Oyaneder, Ester Echenique, Daniela Valenzuela y Zaray Guerrero; y el antropólogo Víctor Méndez, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
La colaboración permitirá cruzar conocimientos sobre el territorio y sus vestigios con métodos computacionales de análisis de imágenes, buscando comprender cómo determinados motivos visuales pudieron transmitirse y transformarse a lo largo del tiempo.

Investigación en Atacama. Imagen de la Universidad de Tarapacá.
Conocimiento abierto y formación de investigadores en Atacama
Entre los resultados comprometidos se encuentra la creación de una base de datos de motivos visuales del desierto de Atacama, concebida como la primera de su tipo para la zona y se reservará el acceso para proteger la ubicación de sitios arqueológicos sensibles.
El proyecto también desarrollará herramientas computacionales de código abierto, modelos entrenados y protocolos para registrar y clasificar las imágenes. Estos recursos podrán adaptarse a futuras investigaciones sobre otros territorios y materiales, ampliando sus posibilidades de aplicación en arqueología.
La iniciativa contempla, además, la formación conjunta de estudiantes de doctorado en arqueología e ingeniería y la realización de un taller práctico dirigido a especialistas en arqueología andina.
La selección se realizó en el marco de la convocatoria 2026 de HAVI, que otorgó financiamiento a 19 equipos interdisciplinarios para explorar cómo la inteligencia artificial puede contribuir al estudio de la historia, el arte, la literatura y otras expresiones humanas. En conjunto, las iniciativas seleccionadas en las dos convocatorias del programa suman más de US$21 millones en financiamiento.
Con esta investigación, el equipo busca ampliar el conocimiento sobre el patrimonio visual prehispánico del norte de Chile y desarrollar herramientas que permitan examinar, desde nuevas perspectivas, las relaciones culturales que conectaron a las comunidades que habitaron el desierto de Atacama.

