En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora este 10 de octubre, la Universidad de Atacama, reflexiona sobre la importancia de la escucha activa, el apoyo comunitario y la detección oportuna para prevenir el suicidio.
Columna original: «Más allá de septiembre: La prevención del suicidio como compromiso comunitario continuo». Escrita por Esteban Alanís Alanís, Psicólogo y Director de Género, Diversidades e Inclusión de la Universidad de Atacama.

Salud Mental – Esteban Alanis Psicólogo y Director de Género, Diversidades e Inclusión de la Universidad de Atacama.
Una tarea que continúa
Ya ha terminado septiembre, mes en el que hemos puesto especial atención en hablar sobre la prevención del suicidio, en visibilizar aquello que muchas veces permanece en silencio y en recordarnos la importancia de estar disponibles para nuestro entorno. Pero que termine septiembre no significa que termine esta tarea.
La prevención del suicidio no puede reducirse a una fecha, una campaña o un mes en el calendario. Es un trabajo que debemos sostener colectivamente, durante todo el año, construyendo espacios donde encontrarnos, escucharnos y acompañarnos sea realmente posible. Y es que, en un mundo donde todavía existen tantos tabúes, encontrarnos puede hacerse profundamente complejo.
Vivimos a un ritmo que pocas veces nos permite detenernos, dar espacio a lo que sentimos y simplemente conversar. Sin embargo, hay conversaciones que pueden cambiar algo en nosotros y nosotras. Conversaciones que nos permiten sentirnos acompañados, que nos hacen florecer, volver a creer y volver a confiar.

Salud Mental – Imagen de referencia: Acompañamiento.
El cuidado también es comunitario
Septiembre es el mes de la prevención del suicidio, una temática que como sociedad necesitamos atrevernos a instalar y que, como universidad hemos querido incorporar en el ADN de nuestra institución, no solo desde lo declarativo, sino también desde la acción. Entender la salud mental y el bienestar implica reconocer que no se trata de un asunto aislado ni exclusivamente individual, ni tampoco de una responsabilidad que recaiga únicamente en profesionales de la salud mental. El cuidado es también comunitario(o colectivo).
El suicidio es un fenómeno complejo y multifactorial, en el que interactúan factores individuales, familiares, sociales y ambientales; por eso prevenir requiere actuar en distintos niveles, disminuir factores de riesgo, fortalecer factores protectores y construir comunidades donde existan vínculos, apoyo social y posibilidades reales de acceder a ayuda.
Durante mucho tiempo hemos aprendido que mostrar nuestra vulnerabilidad puede ser signo de debilidad, como si siempre tuviéramos que poder con todo, incluso cuando sentimos que estamos en medio de un mar cuyas olas ya no sabemos cómo surfear. Pero quizás necesitamos comenzar a mirar la vulnerabilidad de otra manera: reconocer que algo nos duele, decir que no podemos solos o solas, pedir ayuda o permitir que alguien nos acompañe también requiere entereza. Creo firmemente que avanzar hacia una cultura del cuidado mutuo depende no solo de lo que haga un profesional o de lo que pueda hacer individualmente una persona, sino también del contexto sociocultural que construimos entre todas y todos.

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Hablar sin prejuicios
Por eso, necesitamos seguir derribando mitos y prejuicios. Uno de ellos es creer que hablar de suicidio o preguntar directamente puede provocar que una persona piense en hacerlo, por el contrario, evitar esta conversación puede transformarse en una barrera para detectar el riesgo, mientras que abrirla de manera clara, responsable y sin juicios puede facilitar que alguien exprese aquello que está viviendo y pueda recibir apoyo. No necesitamos tener las palabras perfectas, tampoco resolver inmediatamente lo que le ocurre al otro. Muchas veces acompañar comienza con algo tan humano como sentarnos, estar disponibles y escuchar genuinamente.
El modelo DAS (Detección, Apoyo y Seguridad) es una estrategia nacional de prevención de suicidio del ministerio de salud. Nos recuerda precisamente que ofrecer un primer apoyo no requiere necesariamente especialización, sino un encuentro humanizado y una actitud genuina de querer ayudar. Prevenir también significa aprender a detectar señales, atrevernos responsablemente a abrir conversaciones. Ofrecer un espacio de escucha y contención y, cuando sea necesario, ayudar a activar redes y facilitar el acceso a servicios de salud.
Construir comunidades que acompañen
Esta es una temática que, de una u otra manera, nos toca: quizás hemos estado ahí, quizás hemos acompañado a alguien o conocemos a una persona que atravesó uno de esos momentos en que continuar parecía demasiado difícil. Por eso hablar de suicidio nunca será sencillo, pero el silencio tampoco puede seguir siendo nuestra respuesta.
Como Universidad de Atacama nos sumamos al lazo amarillo, símbolo de la prevención del suicidio, entendiendo que detrás de él existe un compromiso mucho mayor: construir una comunidad donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza, donde podamos mirarnos sin prejuicios, donde sepamos detenernos y preguntar cómo está, y donde nadie tenga que atravesar sus momentos más difíciles en soledad.
Este cambio cultural no ocurre de un día para otro, se construye poco a poco. Es la forma en que hablamos, escuchamos, acompañamos y nos hacemos responsables del cuidado mutuo. Quizás no podamos evitar todas las olas que aparecerán en la vida, pero sí podemos aprender a enfrentarlas juntas y juntos. A veces prevenir comienza precisamente ahí: encontrándonos, conversando y haciendo sentir que no está sola, ni solo.
Líneas de ayuda:
- atencionpsicologica@uda.cl Para estudiantes de la Universidad de Atacama
- *4141 Linea de prevención del suicidio 24 horas.
- 600 360 7777 Salud Responde
- Hablemos de todo: Chat para la atención psicosocial – INJUV

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