La Dra. Paula Celis-Plá integra como investigadora principal DIPOLE, proyecto liderado por la Universidad Andrés Bello que estudia la interacción entre la luz artificial nocturna y el calentamiento global en los ecosistemas marinos polares.
¿Cómo puede afectar la luz artificial de las ciudades, estaciones científicas y otras actividades humanas a los ecosistemas marinos de la Antártica? Esa es una de las preguntas que busca responder DIPOLE, un proyecto científico que estudia por primera vez de manera conjunta los efectos de la contaminación lumínica nocturna y el calentamiento global sobre organismos marinos polares.
La investigación es liderada por la Universidad Andrés Bello (UNAB) y cuenta con la participación de investigadores de la Universidad de Playa Ancha (UPLA) y la Universidad de Concepción, además de la colaboración de instituciones científicas nacionales e internacionales. El proyecto recibió financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) a través del Concurso Anillos de Investigación en Áreas Temáticas Específicas 2025.
La Universidad de Playa Ancha participa a través de la Dra. Paula Celis-Plá, académica de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas y directora del Laboratorio de Investigación Acuático Ambiental (LACER), perteneciente al HUB Ambiental de la institución. La investigadora asumirá como principal dentro del equipo de trabajo de la universidad.

¿Qué estudia DIPOLE?
El nombre DIPOLE corresponde a Disrupting Polar Ecosystems: Light Pollution May Alter the Ecological Effects of Global Warming (Ecosistemas polares en disrupción: la contaminación lumínica puede alterar los efectos ecológicos del calentamiento global), proyecto que busca determinar si la luz artificial nocturna puede modificar o intensificar los efectos del calentamiento global sobre los ecosistemas polares.
La contaminación lumínica artificial nocturna, conocida como ALAN, altera los ciclos naturales de luz y oscuridad que regulan diversos procesos biológicos. Aunque sus efectos han sido estudiados en distintos ecosistemas, existe todavía poca información sobre cómo esta perturbación afecta a los organismos marinos antárticos.
El proyecto aborda esta problemática considerando que la presencia humana en las zonas polares ha aumentado debido a actividades científicas, turismo, exploración y otras intervenciones. Esto genera nuevas fuentes de luz artificial en ecosistemas que evolucionaron bajo condiciones naturales de oscuridad durante la noche.
Un experimento en condiciones controladas
Para estudiar estos efectos, el equipo realizó una campaña científica en el estrecho de Magallanes, donde recolectó distintas especies para posteriormente someterlas a experimentos controlados.
Los investigadores utilizaron mesocosmos experimentales, estructuras que permiten recrear condiciones similares a las de un ecosistema natural y modificar variables específicas. En este caso, los organismos fueron expuestos a diferentes combinaciones de temperatura y luz artificial nocturna.
Los experimentos incluyeron plancton, macroalgas, invertebrados y vertebrados subantárticos, organismos vinculados a los ecosistemas polares. De esta manera, el equipo busca observar cómo responden distintos niveles de las redes alimentarias frente a estas presiones ambientales.
El director de DIPOLE e investigador de la UNAB, José Pulgar, explicó que los mesocosmos permitieron mantener a los organismos bajo condiciones similares a las registradas en zonas intervenidas, además de realizar evaluaciones energéticas y obtener muestras para analizar su actividad biológica.
Aunque el análisis de los datos continúa en desarrollo, los primeros resultados muestran efectos significativos de la contaminación lumínica y el calentamiento global sobre las especies estudiadas. El objetivo es determinar qué ocurre cuando ambos factores actúan simultáneamente.
La mirada de la Universidad de Playa Ancha
La participación de la Dra. Paula Celis-Plá incorpora al proyecto la experiencia del LACER y del HUB Ambiental de la UPLA en investigación acuática, ecofisiología y ecosistemas polares. La académica destacó la importancia de integrar distintas disciplinas para comprender los efectos de estas alteraciones sobre las redes tróficas antárticas.
La interacción con el equipo UNAB se hace necesaria para integrar la interdisciplina y los trabajos complementarios en las redes tróficas intermareales de la península antártica.
El proyecto también contempla expediciones científicas en la Antártica, donde el equipo estudia específicamente la bahía Fildes, uno de los sectores costeros del continente con mayor presencia de actividad humana. En este territorio se busca caracterizar los niveles de contaminación lumínica y temperatura y analizar sus efectos sobre organismos que ocupan distintos niveles de la red alimentaria, desde productores primarios hasta depredadores.
¿Por qué es importante estudiar la luz en la Antártica?
DIPOLE está generando la primera caracterización de la contaminación lumínica artificial nocturna en ecosistemas antárticos y analiza cómo interactúa con el aumento de las temperatura para anticipar posibles cambios en organismos y relaciones ecológicas de los ecosistemas polares, además de aportar información para futuras estrategias de conservación y políticas ambientales.
La investigación también considera la formación de nuevos investigadores, la cooperación científica internacional y la difusión del conocimiento hacia públicos no especializados. Para la Dra. Paula Celis-Plá, el proyecto representa además una oportunidad para continuar su trabajo científico en terreno.
Muy feliz de retornar al continente blanco y continuar mi línea de investigación ecofisiología allí. Volver a la Antártica y el trabajo en terreno que nos espera.
Con la participación de la UPLA, DIPOLE busca aportar nueva evidencia sobre las transformaciones que enfrentan los ecosistemas polares y avanzar en la comprensión de cómo distintas presiones humanas pueden interactuar en uno de los ambientes más sensibles del planeta.

